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domingo, 2 de diciembre de 2012

CASUALIDAD ONÍRICA



Mientras caminaba por la acera, Jaime Carrizales recordó el sueño y sin saber por qué  empezó a temblar. Caminaba exactamente por donde lo había hecho ayer, anteayer y el miércoles. Sabía que sus pasos ya estaban señalados, como si no fuera dueño de sí mismo iría a la a plaza,  a encontrarse  como siempre con el prado bien podado, con las palomas picoteando, los pensionados leyendo sin distracción la prensa, y con aquel  hombre de camiseta negra que tanta curiosidad le causaba porque de él solo conocía su espalda, cada vez que se acercaba para tocarlo y descubrir su cara,  se despertaba.

Al tercer día, Él comentó a su esposa lo que había estado soñando desde hacía ya una semana.  El miércoles a la madrugada se levantó sudando frío y por ese día no pudo conciliar más el sueño,  ella muy preocupada, le sugirió que la próxima vez, para quitarse ese problema de encima, llevara su pistola y lo matara. Así fue,  esta vez sí parecía ser el día, entonces  llegó a la plaza y se sentó.

Para llegar allá, Jaime Carrizales caminó por la acera como de costumbre, recogió una vez más los pasos, pero ahora trato de cambiar el derrotero, espantó las palomas que comían tranquilas,   groseramente se atravesó por en medio los pensionados y pisó el prado como nadie lo había hecho, hasta que llegó a la banca del hombre con camisa a rayas.  Le tocó el hombro,  para ver quien era, entonces él se levanto, sacó una pistola y lo mató.

sábado, 8 de septiembre de 2012

MOJADO



El tiempo que desperdiciaría maullando, decidió invertirlo en buscar un lugar para ocultarse de los goterones que se soltaban del cielo. Al no encontrar casa rápido, entendió que reencarnar en un gato fue su peor decisión.  Por salvarse de la condena eterna de las llamas, olvidó que para su nueva figura, el infierno se desprendía del cielo cuando empezaba a desmoronarse en gotas de agua. Y es que nadie entiende que las llamas eternas del infierno las sufre un gato cuando no encuentra donde escamparse.


UNA GUITARRA ENAMORADA


La guitarra  empezó a enamorarse de su interprete. La corrosidad de sus dedos que la estimulaban con agilidad y fina precisión, le dieron a entender que el joven menudo y poco agraciado la había vencido, hasta ablandarle la voluntad de mujer  que tienen todas las guitarras, con la única estrategia que en la artes del amor nunca falla: la constancia. 

En las más extrañas condiciones, bajo la intimidad que permite la madrugada, fue preciso el encuentro entre los dos, mezclados como Dios le propone a sus hijos para darles su bendición,  hechos uno solo , ella y él.

En un descontrol absoluto, se dejo acariciar a la voluntad del naciente músico, que en noches anteriores se había mostrado ansioso, pero que sabiamente ella, así la llamaran conservadora o premoderna, había sabido guardar para cuando el joven estuviera preparado. El hombre la fue descubriendo con paciencia y ella, en un repentino ataque de éxtasis, explotó; En el barrio y su soledad las notas más bellas se escucharon y la canción más bonita fue aplaudida por la luna.